Tenía todas las ganas de tener, soñaba con ánimos de soñar, sentía que no dejaría de sentir y sonreía porque era su deber.
Uno, dos, tres pasos la llevaron a la orilla, la orilla de sus recuerdos, de su playa de sentimientos, con su arena de sufrimientos y un mar que la limpia con cada oleada que toca su arena.
Estaba sentada en la orilla, abstraída pensando, sus manos estaban juntas, sus ojos desorientados, su cabello libre y sus rizos alborotados, , respiraba apaciblemente. Él caminaba por la orilla mirando sus pies enterrarse en la arena, sintió olor a mujer, se sintió revitalizado, tomó una bocanada de aire, la miró ahí, en su posición de estatua Naif, se acercó sutilmente y se posó como un ave a su lado, ella lo miró y se adentro en las tierras lejanas que le mostraron sus ojos, no de ojos color cielo, no de ojos verdes como el parque de sus sueños, sino ojos pequeños y rojizos que la llevaron a un lugar único, un lugar en el cual sólo sabe llegar si vuelve a mirar a través de esos pequeños ojos.
martes, 10 de febrero de 2009
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